DESDE EL SÓTANO
Nº: 249 . 3ª época. Año III
Herramientas de seguridad: mi experiencia (1) Por: Juan Becerril
 

Herramientas de seguridad: mi experiencia

(Parte 1)

Me gustaría empezar este artículo diciendo que nací en el año 1997. Puede que no sea relevante para el objetivo de estas líneas, pero no solo ofrece el dato de mi edad, también expone en qué época de los juegos de rol he aterrizado, además de en qué mundo me ha tocado vivir. Con dieciséis años compré mi primer juego de rol: una caja de inicio con dos libros en tapa blanda, dos mapas (si no recuerdo mal) y un juego de dados que iba de mi ambientación favorita de fantasía. Meses después probé el rol: una partida de una única sesión en la que un guerrero humano sin nombre fue mi primer PJ. Nada que ver con aquella compra que hice, pero eso es otra historia.

Llegué a la universidad, y mi afición por los juegos de rol era residual. Sabía que existían, me gustaba jugar, pero no encontraba mucha gente con quien vivir aventuras. Hay que mencionar que mis esfuerzos lúdicos y económicos se centraban entonces en los juegos de mesa competitivos. Poco a poco ese hobby secundario fue ampliándose de diversas formas en mi vida: la primera campaña como jugador, la segunda (duró muchísimo más que la primera), el debut como Director de Juego, la ampliación de la ludoteca… Aquella caja de inicio comprada en la tienda friki en frente de mi colegio ya no estaba sola: tenía a sus hermanos llamados manuales, de la misma edición del juego, y a sus primos de otras ambientaciones.

Mencioné que nací en el 97: somos la generación a caballo entre una infancia sin "pantallitas" (o con las de las consolas portátiles más icónicas) y el inicio de los dispositivos inteligentes. Entramos en primaria sin redes sociales, y la mayoría salimos de la secundaria o de bachillerato con un 'smartphone', el 'WhatsApp' y todo el pack del mundo conectado. Las RRSS son herramientas y necesidades para mí, y empecé a investigar en ellas si había más como yo: frikis. Evidentemente los había, y fue fácil encontrarlos. Mi círculo se amplió inmensamente gracias a ellas, y pude ampliar mi mundo rolero. El friki joven e inquieto que era en aquella época previa a una pandemia inesperada se nutría de las redes para jugar y aprender.

Pasó el tiempo, y de repente un término salvaje apareció entre la hierba alta de Internet que este escritor pisaba: herramientas de seguridad. ¿En el rol? Me pregunté. La mente inquieta provocó que investigara y preguntara al respecto. Me llamaron la atención, como a muchos dentro del mundillo. Aún recuerdo la época en la que mencionar este tema en alguna red social (como la del antiguo pajarito) provocaba la polémica de la semana en el nicho de tirar dados e interpretar personajes.

Los tiempos cambiaron. ¿Mencioné una pandemia? El caso es que terminé la universidad, me puse a currar y por fin encontré una asociación donde podía (y puedo) jugar regularmente a rol. Entré a la misma y me encontré con gente distinta y con un amplio número de jugadores. Mis inquietudes lúdicas hicieron que probase muchos juegos de rol, dirigiendo o jugando. En esa época de experimentación me vino un flashazo a la cabeza: "¿Y si pruebo las herramientas de seguridad?" En mi cabeza sonó espectacular. Con mi historial en mente digo que para mi suerte o desgracia he sido y soy una persona intensa, y narrar para tanta gente distinta me preocupaba en ese aspecto. Decidí que en las nuevas campañas y partidas de una sola sesión introduciría alguna herramienta. Empecé con la tarjeta X, aunque más adelante probé otras como el semáforo o las líneas y los velos.

Hubo varios tipos de jugadores cuando presentaba dichas herramientas: gente indiferente, personas conformes, jugadores que agradecieron que estuvieran disponibles y jugadores que me expresaron su desacuerdo con ellas. Sobre las personas agradecidas debo decir que me expresaron que su sensación de seguridad aumentó, sobre todo porque desde la primera sesión tenían algo a lo que agarrarse en caso de necesidad. Quienes estaban en desacuerdo mencionaban la inutilidad de las herramientas, y los menos llegaron a decir que si alguien las hubiera usado se habrían marchado de la mesa de juego; mi respuesta a esas personas era sencilla: a enemigo que huye, puente de plata. Afortunadamente el desacuerdo no era solo de roleros con hostilidad hacia estos recursos, también hubo gente que consideraba que no eran necesarias por diversos avatares (la ambientación, la confianza de la mesa o el devenir de la historia, por ejemplo).

Sobre estas personas disconformes tengo una anécdota que sucedió en una mesa que monté para unas jornadas de una asociación de Madrid. Cuando se sentaron los jugadores a la mesa y me puse a explicarles el funcionamiento de la partida salió mi explicación sobre la herramienta de seguridad disponible. La reacción de todos fue mirarse y hablar brevemente entre ellos para decirnos que no la iban a usar y que no iba a ser necesaria. Debo recalcar que entre los jugadores no se conocían de antes, se sentaron a jugar siendo completos desconocidos.

Pasaba el tiempo, seguía abriendo mesas de juego y continuaban las campañas largas. Las herramientas de seguridad se convirtieron en un ítem más dentro de mis partidas y los objetos que las representaban estaban en mi mochila como si fuesen los dados, las fichas de los personajes o los manuales necesarios para cada sesión.

Nota para el lector: habrá una segunda parte donde contaré la parte final de mi experiencia y el uso que actualmente les doy a las herramientas.

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