1808 – 3×07 – Las entregas

Rojo y Oro

Pasaron varios días en compañía de aquel pastor. A chaparro le tocó acercarse al pueblo y adquirir algunas viandas para que su estancia no dejara al pobre hombre sin recursos. Fueron jornadas agradables con esos día de invierno en el que al frío le da pereza levantarse y el sol aún recuerda sus tiempos mozos.

Cuando ya se acercaba el final de la tarde, el anciano se colocó detrás del sargento Padilla. Aquel hombre se movía con un sigilo inusitado entre el balar de las ovejas y le sorprendió, algo difícil de conseguir, hablando sin preámbulos.

—Veo que no ha tardado mucho en darse cuenta.

—Se refiere —respondió sin girarse— al hombre del burro que todos los días emprende camino cargado y vuelve por las tarde vacía.

—Se llama Laureano. No es del pueblo, pero vive allí porque se casó con Margarita, una de las hijas del dueño de algunas de estas ovejas.

—¿Está abasteciendo a guerrilleros?

—No creo, no ha habido acciones por esta zona ni les he visto por el camino. Bandoleros no creo que sean tampoco, porque ustedes habrían venido a por ellos. Creo que son desertores, pero no sé si franceses o españoles.

—¿Hay diferencia?

—Sí —dijo con seguridad el pastor—, los franceses son cobardes, los españoles traidores.

Aquella misma noche, los mangas verdes abandonaron el claro. Tenían un trabajo que hacer y esperaban no llegar tarde.

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