Rana Comecarne

Autor: Sergio Jurado

rana comecarne

De repente sientes cómo una boca llena de pequeños dientes afilados te muerde el interior del muslo. Casi inmediatamente notas otros tres dolorosos mordiscos más en las piernas. Sales rápidamente del agua y te dejas caer en el fangoso suelo mientras miras tus piernas heridas pero tampoco allí puedes detenerte ya que, del pantano, surge una docena de ranas que saltan en tu dirección decididas a no dejar escapar a su presa…

Rana comecarne: FUE 2/4. NADAR 20. SALTAR 15. Ataque mordisco 10. Respiración cutánea. Tamaño pequeño. Sus pequeñas mandíbulas causan un daño igual a un 1d2 puntos de vida (uno con un resultado par en el dado Sombra, dos con un resultado impar).

Descripción

Las ranas comecarne son una visión frecuente en las ciénagas, lagunas y pantanos de clima templado. Son originarias de las marismas Drak, desde donde se han extendido por gran parte del continente gracias a su capacidad de adaptarse a todo tipo de aguas dulces, aunque prefieren las que son cálidas y tranquilas.

Son animales anfibios similares a las ranas ordinarias, pero con una boca alargada llena de pequeños dientes afilados. Miden unas cuatro palmas de largo y su tonalidad varía desde el oliváceo a un verde brillante; algunas subespecies presentan motas o patrones atigrados en el lomo. Al contrario que otras especies de ranas no son capaces de croar, siendo probablemente las ranas más silenciosas del mundo. También carecen de la larga lengua típica de otras especies de ranas. Pueden llegar a saltar hasta tres varas de distancia.

Se alimentan de pequeños vertebrados: pequeñas serpientes de agua, peces, otras ranas, renacuajos, ratones, lombrices, insectos y crustáceos de todo tipo. Durante la mayor parte del año cazan en solitario. Una de sus tácticas habituales consiste en mantenerse sumergidas a escasa distancia de la orilla. Cuando otros pequeños animales se acercan a saciar su sed la rana se propulsa con sus poderosas patas, lanzándose sobre ellas y cerrando sus fuertes mandíbulas en torno a sus cabezas, tras lo que tratan de arrastrarlas bajo el agua para ahogarlas. También se sabe que son capaces de atrapar por las patas a pájaros y pequeños murciélagos al vuelo propulsándose desde debajo del agua mientras éstos pasando volando a corta distancia de la misma. Tienen una enconada lucha con la especie que nosotros conocemos como Martín pescador, y ambas especies se dan caza mutuamente con ferocidad.

Si bien una rana solitaria no representa una amenaza excepto para los niños más pequeños, sin duda el peor rasgo de estos animales es que son extremadamente agresivos y que, durante el período inmediatamente previo al momento de la reproducción (la estación de las lluvias), no dudan en agruparse en grandes grupos para atacar a presas de tamaño mayor, atreviéndose incluso con presas del tamaño de una vaca. No pocos son los incautos que han sido devorados vivos al cruzarse en el camino de uno de estos «coros» mientras pescaban o se bañaban despreocupadamente. Ni siquiera huir fuera del agua salvó a algunos de ellos ya que, una vez han probado la sangre, las ranas comecarne perseguirán a una presa herida mientras la tengan a la vista.

Su carne es comestible, si bien resulta un tanto seca y dura para la mayoría de las razas de Pangea. Solo los dotados de fuertes mandíbulas como los ogros o los gruba las comen regularmente, y de hecho los kotai consideran las ancas asadas una auténtica delicia. La piel de las ranas comecarne es usada por muchas razas para elaborar bolsas en las que transportar sustancias pulverizadas, abalorios, agujas de hueso y otros pequeños objetos, considerándose las mejores las de factura tikki, que mantienen seco su contenido incluso durante la estación de las lluvias. Curiosamente, tanto los drak como, en menor medida, los h’sar encuentran desagradable el olor de la piel (apenas perceptible para las demás especies) y jamás usarán bolsas de este material si pueden evitarlo.


La imagen que inspiró este artículo fue encontrada aquí: fungreedy.blogspot.com.

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