Pangea – Lobo – 2×14 El gato de las nieves

Las nieves les sorprenden en su camino hacia el norte. Patas, Bigotazos y Perezoso parecen alegres por el cambio de la rutina y aunque andar por la nieve debe ser más cansado, a veces trotan con ligereza mientras sus enormes patas se hunden en el manto blanco. Los seis esclavos también bromean con la nieve e intercambian bolas con mucho cuidado de no molestar a ningún otro miembro de la caravana. Bim y Sim, los guerreros les lanzan algunas a traición, pero los jugadores hacen bien en ignorarles. Reina el buen humor en la caravana a pesar de que el camino se hace largo y las noches son frías.

Es a la segunda noche cuando Motaas escucha el sonido de pasos más allá del fuego del campamento; no puede identificarlos, pero están ahí, como si un conejo saltara y se hundiera en la nieve que es cada vez más copiosa. La caravana se alerta y pasan la noche en vela vigilando los sonidos. Estos siguen ahí, pero cualquier intento de descubrir su origen, resulta en fracaso.

El día siguiente es más duro, no solo hay más nieve, sino que la falta de sueño agria el viaje. Todo es más complicado y hasta los bueyes lanudos parecen sentir el peso de su carga. Por la noche vuelve el ruido y la preocupación de la caravana. Kel es el único que duerme, aunque lo hace de pie, apoyado en una lanza. Las orejas de Mootas se pasan toda la noche erguidas. Cuando amanece, algunos miembros de la caravana se alejan del campamento para buscar el origen del ruido y Lobo acaba descubriendo varias huellas de felinos, bastante profundas que parece caminar a veces a dos patas y a veces a cuatro. Sigue leyendo

Pangea – Lobo – 2×13 Hacia el norte

Solucionados los problemas en Aguaclara, al menos en un tiempo, el grupo del Lobo decide que ya han perdido mucho tiempo y que deben continuar su hacia el norte, siguiendo el río Púrpura, hacia las tierras del principio bendecidas por la Taga.

No será un camino fácil, las dificultades de Aguaclara han afectado a algunos grakines cercanos, hay tambores de guerra en las hogueras y el frío, el frío del invierno por llegar les pillará en los caminos. Cargan con todo lo que pueden, tanto que las bestias de carga protestan lo que los esclavos no se atreven a hacer. Pero la decisión de Lobo es clara. Aguaclara es uno de los mejores mercados de la zona, hacia donde van encontrarán gente deseosa de ser propietaria de algunas de esas cosas.

Un viejo dicho de los mendwan reza: «Viajar ligero es viajar seguro» y Lobo y Adebbi lo saben. Por eso vigilan cada paso que dan y Aarthalas siempre va unos cuantos pasos por delante, caminando oculta a un lado del camino. Las noches eran peor porque eran un blanco más sencillo y podrían atacarles en la oscuridad. Las guardias, en parejas, no tranquilizaban a veterano comerciante. Sigue leyendo

Pangea – Vasija del tiempo

Vasija del tiempo - imagen de http://komyozan.org, http://komyozan.org/an-artists-eye-jomon-pottery-and-the-dirt

Una de las posesiones menos llamativas en el equipo de un chamán es la vasija del tiempo. No todos los chamanes poseen una, pero en las chozas o cuevas de aquellos que las poseen no llamarán la atención. Se trata de un recipiente campaniforme de no más de dos puños de altura y diámetro. Está fabricado de forma tosca y carece de marcas o decoraciones exteriores. El interior está untado de grasa vieja de animales impermeabilizando el interior y evitando que el agua que se pone en su interior alcance la arcilla con la que la vasija está hecha.

La vasija tiene un orificio diminuto en su parte inferior, en la punta de la campana. Y los chamanes suelen colgarla del techo o de una rama o de un trípode realizado con ramas con sogas vegetales trenzadas. Lo colocan a media altura, por debajo de la altura de sus ojos. De esta forma pueden ver las marcas que han hecho en su interior. Suelen ser círculos donde la arcilla está hendida a diferentes alturas. Las alturas de las marcas y el número de estas varían de chamán en chamán. Sigue leyendo

Pangea – Cacería Nupcial

Algunas tribus mendwan de las orillas del río Púrpura, en especial las cercanas a su desembocadura, tienen costumbres monógamas, las parejas se unen para toda la vida, y tienen una ceremonia para el miembro de la pareja que pertenece al grakin (o los dos si son ambos) que llaman cacería nupcial. Se trata de una cacería que dura varios días en la que el afortunado realizará su última salida sin obligaciones familiares y en la que, además de caza, hay muchas bebidas fermentadas y muchas historias subidas de tono. El objetivo de la cacería nupcial es cazar algún animal impresionante que regalar a la pareja y su carne se aprovecha en el banquete de unión.

PD: con el tiempo, esta tradición se iría civilizando y con la aparición de la tecnología y los bares acabaría llamándose «despedida de soltero».

Las bebidas fermentadas corren en las noches de cacería nupciales y el futuro contrayente no suele acabar en buenas condiciones físicas, no, al menos, para cazar algo decente. Son los amigos del cazador los responsables de que eso no se note, de ayudar a su amigo para que la caza sea un éxito. Todos forman parte de este engaño y es parte del juego social que representa esta tradición. Algunos cazadores vuelven con heridas o lesiones a su ceremonia nupcial, pero eso también forma parte de esta legendaria tradición. Si no hay heridas, es que la cacería ha sido un poco sosa. Sigue leyendo

Pangea – Silbato dwaldur

Silbato dwaldur - la fotografía en realidad es un silbato de la cultura Hopewell (Ohio, EEUU, 400 a. C.)

Los dwaldur fabrican silbatos con los huesos largos de sus enemigos tras devorarlos. Prefieren usar los huesos de los brazos, aunque se han visto silbatos con huesos de la clavícula e, incluso, costillas. Suelen tener un puño de largo y un orificio acanalado que es el que produce el sonido. La médula interior es un manjar y se la comen, pero el interior del hueso es limpiado y limado a conciencia para afinar el instrumento.

El exterior del hueso se graba con dibujos y adornos geométricos a gusto del propietario. Existe una leyenda que asegura que las tallas las hacen con los dientes, pero, la realidad es que las hacen con instrumentos punzantes y que su aparente tosquedad es fruto de la inexperiencia artística de su fabricante. Sigue leyendo

Pangea – 2×12 – El encargo de Ursus (cuarta y última parte)

Llegaron al atardecer, cuando la gran población que era Aguaclara empezaba a amodorrarse y sus habitantes a desaparecer bajo la techumbre de las chozas, los niños aún correteaban buscando una última aventura y en los agujeros de los hogares danzaba el humo blanco de los guisos y el aroma del festín.

Si había guardias en los accesos, nada les dijeron. Quizás sí les habían visto y decidieron no meterse en problemas. Aarthalas y Lobo subieron por una de las calles principales donde acabaron topándose con el puesto de venta de su caravana. Estaba en una posición privilegiada, bastante mejor que donde les había dejado. Lobo inclinó la cabeza ante Slissu quién le devolvió el silencioso saludo. El h´sar hizo un gesto a Motaas y a los seis esclavos y estos continuaron recogiendo mientras él serpenteaba tras el jefe de la caravana. Unos pasos por detrás de él, trotó Kel.

Los cuatro llegaron hasta las puertas de la casa de Ursus donde descubrieron a Addebi, montando guardia. Había sangre a su alrededor, en su lanza y en su cara, ninguna era suya. Lobo también le saludó con la cabeza y el lugarteniente dejó que sus blancos dientes mostraran la alegría que sentían. Aarthalas puso una mano en el hombro de guerrero y enfrentándose a la ciudad se quedó de guardia con él. Lobo continuó al interior donde nadie le impidió el paso; el hacha de Ursus, aún envuelta, entró con él. Sigue leyendo

Pangea – 2×11 – El encargo de Ursus (tercera parte)

Dejaron atrás la enorme puerta tallada en la roca, un dintel de antes de que el mundo fuera mundo, cubierto por el musgo y vigilado por una higuera crecida en un hendidura con las raíces serpenteando hasta terreno más estable. Parecía dispuesta a saltar sobre los intrépidos o estúpidos que se atrevieran a pasar bajo sus ramas. Lobo y Aarthalas puede que fueran ambas cosas, pero no temían al vigilante verde, sino a la oscuridad que se adivinaba en su interior.

-Huele a la sangre negra -afirmó la dwandir y dejándose guiar por su olfato descubrió un recipiente de piedra en la penumbra de la entrada. Ató una piel a un palo que allí mismo encontró y tras impregnarlo bien en aquella sustancia, chasqueó el pedernal sobre ella. Tras varios intentos consiguió que prendiera una llama envuelta en humo e iluminó la estancia.

Era más grande de lo que parecía y estaba cubierta por hongos en los que se escondían esquivos insectos que huían de la repentina claridad. Un enorme dwaldur custodiaba la estancia y la única puerta visible se abría bajo sus piernas. Sigue leyendo

Pangea – Azagaya del uro blanco

Azagaya del uro blanco

La azagaya es la punta de hueso que se coloca en el extremo de las lanzas para que estas puedan penetrar en la piel de los animales. Suelen llevar un atado simple de cuerda que evita que se mueva en vuelo y, en general, al extraer la lanza, la azagaya se queda dentro del animal y se recupera tras cortar la piel y repartir la lanza. En los grakines suele ser la prueba de la virtud del cazador cuando su azagaya se saca del animal. Es por ello, que los cazadores las adornan o graban para que se pueda reconocer. Que tu azagaya esté en el corazón del animal abatido es una muestra de precisión cazadora y es respetado por el resto del grakin ofreciéndote la mejor parte del animal.

La azagaya del uro blanco está fabricada con el cuerno de un uro albino de las montañas y no lleva ninguna marca ni señal, pero es un poderoso fetiche que otorga mayor precisión al cazador (-3 a las TA). Se cree que solo existe una azagaya en toda Pangea, pero la verdad es que hay varias sin llegar a ser muy numerosas. Se desconoce cómo se han fabricado ni quién las ha hecho y, evidentemente, hay algunas azagayas falsas en manos de comerciantes sin escrúpulos con clientes crédulos. Sigue leyendo

Pangea – Mordisco negro

Mordisco negro

La enfermedad del mordisco negro afecta a todas las especies de sangre caliente (no se conocen casos entre los h´sar o los gruba) y afecta tanto a seres inteligentes como a animales. Se manifiesta en la piel del afectado como pequeños círculos, ligeramente ovalados, donde la piel se vuelve negra. Las llagas recuerdan a mordiscos o besos y de ahí su nombre. La creencia más firme es que se trata de espíritus que se están alimentando (si las heridas son rojizas) o se han alimentado (si las heridas son negras) del enfermo. Los chamanes creen que los espíritus hambrientos (así los llaman) habitan en regiones concretas de Pangea y algunas de ellas están señalizadas con tótems y advertencias. Dicen que andar por esas zonas es una invitación a ser atacado por esta enfermedad.

La enfermedad no ataca directamente sino que pasarán bastantes días hasta que la víctima presente algún síntoma. Esto hace difícil identificar las zonas peligrosas para que los chamanes las marquen. En la zona afectada se formará una especie de ampolla que puede pasar desapercibida en las criaturas con mucho vello. Al cabo de unos días se seca y se cae dejando un agujero sonrosado conocido como el beso del espíritu. Este agujero se agranda posteriormente y se vuelve negro con los días tomando la característica forma de un mordisco. Sigue leyendo

Pangea – 2×10 – El encargo de Ursus (segunda parte)

Las cosas se están complicando en el asentamiento de Aguaclara. Ya son varios los que se han acercado al mercado a tantear a los miembros de la caravana del Lobo, a sonsacarle su opinión sobre la ausencia de Ursus, a saber si apoyarán a uno u otro pretendiente. Ninguno se ha llevado la respuesta que esperaba.

Tras recoger el puesto, Kel es rodeado por tres mendwan en su camino a la zona de reposo, cercana a las defensas del perímetro. El pequeño tamaño del tikki hace imposible que se pueda enfrentar a los tres matones y estos lo saben y bromean sobre su escasa altura y le insultan y vejan esperando que se enfade y les ataque y así tendrán la excusa para devolverle golpes hasta que se cansen. Kel aguanta, pero sus puños están blancos de ira. De repente, uno de los hombres cae y rápidamente la melena de Motaas le cubre disculpándose.

—¡Cómo he podido ser tan torpe! —dice, pero al intentar levantarse enreda su rabo con las piernas del segundo y azorado se gira y golpea al tercero con la lanza. En un instante los tres hombres están en el suelo viendo como el pequeño tikki les mira sonriente desde arriba. Motaas sigue disculpando su torpeza, aunque ninguno de los hombres cree que haya sido casual. Sigue leyendo